La primitiva comunidad cisterciense se instaló en 1162 en un pobre edificio en la vega de Huerta y es en 1179 cuando el rey Alfonso VIII coloca formalmente la primera piedra de la abadía. San Martín de Finojosa logró pronto transformar este modesto albergue en un suntuoso edificio. 

 

Declarado Monumento Nacional en 1882, en el interior de sus muros, en un mundo ajeno a las prisas y ruido actual, el monasterio ofrece al visitante, toda una gama de estilos, pero siempre con el halo de la sencillez y pureza de lineas del estilo cisterciense.

 


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